A poco más de tres meses del «robo del siglo», en aquella semifinal con escándalo, violencia y despojo, el Gallo debió volver a la «escena» del latrocinio, para disputar una vez más, un partido de fútbol, con el Club Social y Deportivo Madryn, en el «Estadio Abel Sastre», tal vez la síntesis más gráfica del fútbol argentino de nuestros días: sin más reglas, dentro y fuera de la cancha, de las que determinan los verdaderos «dueños de la pelota», esto es, el poder político que digita, encubre y apañe sus intereses personales, utilizando el «mascarón de proa» de una institución futbolística tan minúscula, como los escrúpulos de los «mellizos» que se alternan entre la presidencia de un club de barrio y las más altas esferas de la intendencia y la provincia patagónica.
Del partido en sí, sólo podemos comentar a partir de los 25 minutos del primer tiempo, lapso durante el cual la plataforma de streaming de la AFA, «La Pasión por el Fútbol» o LPF Play, que reemplazara a TyC Sports y TyC Play en la transmisiones de los cotejos de ascenso, no tuvo señal alguna desde Puerto Madryn, retrotrayéndonos nostálgicamente a los tiempos del fútbol sin imágenes y menos en vivo, con la única alternativa de la radio para seguir en tiempo real las alternativas del partido. Y es que, en cualquier momento, volvemos a la radio a transistores.

El streaming de la AFA deja mucho que desear: el hincha de Morón perdió 25 minutos de señal. Vergonzoso.
En el medio de este «afortunado» cambio tecnológico, de un monopolio comercial que televisaba los encuentros con calidad de imagen, cantidad de cámaras y profesionalismo, con pantalla y streaming, por otro «monopolio» sólo digital, pero de un amateurismo, pobreza técnica e improvisación escandalosos, nos fuimos enterando como pudimos, que el partido no había comenzado de la mejor manera para el equipo de Walter Otta, con la apertura del marcador, en favor de Madryn, a los 12 minutos de iniciado el pleito, en una desafortunada acción de Franco Vázquez, que en su afán por evitar que Luis Silba empujara el balón al gol, en el área chica de Morón, terminaría llevándose la pelota por delante contra su propio arco, para el impensado y prematuro 1 a 0 del local.
Ya con el retorno de la imágenes, con la calidad de los videos hogareños y el movimiento que generaba un viento implacable, un par de minutos más tarde, el partido habría de sumarle otra complicación al Deportivo Morón: la expulsión por roja directa de Franco Fagúndez, por una entrada fuerte, pero como de tantas en cualquier partido, terminaría por dejar con diez al Gallo, en una acción sobreactuada por Fabricio Llobet, el mal árbitro del encuentro, que volvería a agitar los «fantasmas» vigentes del pasado reciente, que gozan de perfecta salud y en cuya lógica se «castiga» a los que hablan, como lo hicieran en noviembre con Otta, en un escritorio y en este caso, con el delantero uruguayo, dentro de la cancha, por cometer el «pecado» mortal de «picantear» el partido en la previa, con sus declaraciones en «Corazón de Gallo», luego reproducidas por el Diario Crónica.
Cuando lo hacen los «amigos del poder», es el «folklore del fútbol». Pero cuando lo hacen los demás, se castiga con rigor. Porque lo que se busca, tanto en noviembre como ahora, es acallar a los que se enfrentan al status quo de la impunidad.
Por fortuna, entre el final del primer tiempo y la media hora inicial del complemento, Morón encontraría su mejor versión en Madryn, jugando un mejor partido con diez jugadores, que con once, manejando la pelota y arrinconando a su rival contra su arco, generando situaciones de peligro y mereciendo el empate, hasta que a los 22′ de la etapa complementaria, Gonzalo Berterame, otra vez de los más desequilibrantes del visitante, se escaparía por la banda zurda, ganaría la «cuerda» y cuando se disponía a pegarle al arco o dar el pase gol dentro del área, sería interrumpido torpemente por Facundo Giacopuzzi, el mismo que le pegara por la espalda a Gastón González, prototípica agresión de cobarde, en los bochornosos incidentes del final del partido, en la semifinal de noviembre y que no tuviese sanción alguna.

Morón supo reponerse a un gol en contra y una expulsión (discutible) en el primer tiempo, para empatarlo merecidamente en el complemento.
📸: Deportivo Madryn.
Penal cambiado por gol, gracias a la buena definición de Franco Toloza, que de derecha la ubicaría a media altura, sobre el palo izquierdo de Yair Bonnin, el buen arquero de Madryn, que habría de jugarse por el lado opuesto.
En los minutos posteriores al 1 a 1 de Morón, aún con un hombre menos, el equipo de Otta siguió insistiendo y bien pudo llevarse el triunfo, aunque también es cierto que, en el último cuarto de hora, sufrió un par de sofocones importantes en su área, con una defensa que todavía no termina de engranar y que dejó huecos importantes, en especial por la bandas, que supo aprovechar el local y en un par de ocasiones, no terminaron en el segundo gol de Madryn, casi de milagro.
En la tarde patagónica, ante la lesión de Gerónimo Ulibarri y la expulsión de su reemplazante, Elías Contreras, ambos frente a Defensores, en la fecha inicial, Leonel Cardozo, el joven zaguero ex Lanús debió calzarse la camiseta número «4» (algo que quizá se subsane, con la reciente incorporación de Francisco Flores, zaguero o lateral diestro, a préstamo de San Lorenzo), cambio que habría de sumarse al ingreso de Matías Benítez, para la banda derecha del mediocampo, en lugar de Maximiliano González, respecto del once de inicio con el «Dragón» del Bajo Núñez, hace una semana en el Nuevo Francisco Urbano.

Gonzalo Berterame, otra vez determinante: a él le cometieron el penal, que Franco Toloza cambió por gol para el 1 a 1 del Gallito en el Sur.
📸: Deportivo Madryn.
En definitiva, el Gallo se sobrepuso al gol en contra y la expulsión en el primer tiempo, para empatarlo con temperamento y rescatar un empate valioso de visitante, en un escenario que aunque pasen los años, jamás se podrá sacar el estigma del despojo, la impunidad del poder y el escándalo.
Prueba de carácter superada.


