El brutal ataque a Quimey, una adolescente de 14 años con autismo, reaviva la alarma sobre el bullying y la violencia dirigida contra infancias y adolescencias vulnerables. Especialistas advierten sobre una deuda social pendiente y remarcan la necesidad urgente de visibilizar, intervenir y concientizar para prevenir el acoso escolar y social.
Para abordar este tema desde una mirada profesional, dialogamos con las licenciadas Micaela Donati, Roxana González y Valeria Souto, integrantes de GPO-Grupo Psicoanalítico del Oeste-, reconocida entidad moronense bajo la dirección de Mercedes Díaz y Laura Ramos,
un espacio de formación de profesionales.

 

«El bullying se considera una forma de maltrato físico, psicológico o verbal que se produce entre niños, niñas y adolescentes en edad escolar de manera reiterada en el tiempo. En estas situaciones pueden identificarse cuatro posiciones: la víctima, que recibe el hostigamiento; el agresor, que lo ejerce; los testigos, que sin participar activamente lo sostienen desde la mirada, la risa o la complicidad; y los adultos, que muchas veces no logran visualizar ni poner en palabras estas escenas de violencia.

Las especialistas advierten que es fundamental diferenciar el bullying de los procesos normales del crecimiento y la socialización. Parte de la constitución psíquica implica que los niños aprendan a regular sus impulsos, y en ese camino los adultos deben acompañar sin resolverles todo, ayudándolos a adquirir herramientas para vincularse y manejar sus emociones.

Ahora bien, ¿cuándo es necesario que intervengan los adultos? Para que exista bullying deben darse tres características centrales: la intencionalidad de hacer daño, la repetición en el tiempo (no se trata de un hecho aislado) y una situación de poder desigual. En esos casos, la intervención adulta es indispensable. El abordaje requiere el compromiso de familias, docentes y directivos, y un seguimiento sostenido, ya que no se resuelve con una sola charla: generalmente es necesario un trabajo en red y acompañamiento psicológico.

También es clave que madres y padres estén atentos a posibles señales de alarma: cambios bruscos en la conducta, miedo a concurrir a ciertos lugares, problemas para dormir, baja en el rendimiento escolar, alteraciones en la alimentación o la presencia de moretones de manera reiterada.

Por otro lado, las profesionales remarcan la importancia de no desatender a quienes agreden. “Un niño que agrede es un niño que está muy angustiado y sin posibilidad de expresar lo que le pasa”, señalan. En el bullying no hay buenos y malos absolutos: todos los actores involucrados sufren de alguna manera.

Desde el GPO a la Comunidad consideran que visibilizar esta problemática es fundamental para generar conciencia en la población, en las escuelas y en las familias. El bullying es hoy más frecuente de lo que se cree, en una sociedad atravesada por distintos tipos de violencia que terminan llegando a las aulas y a los hogares. Detectarlo a tiempo puede evitar que deje huellas traumáticas en la vida de niños y adolescentes.

GPO a la Comunidad
Lic. Micaela Donati
Lic. Roxana González
Lic. Valeria Souto
@grupopsicoanaliticodeloeste

 

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