¡HABLEMOS DE CINE!

Por Juan Alberto Maselli
Por suerte nos queda su obra
Eduardo “Eddie” Calcagno, fallecido el 1 de septiembre de 2026 a los 85 años, deja tras de sí una filmografía breve pero intensa, marcada por la tensión entre lo popular y lo autoral, y por una mirada crítica que convirtió al cine en herramienta de memoria y resistencia.
Un hombre nacido del cine
Hijo del célebre crítico Raimundo Calcagno, conocido como Calki, Eduardo creció en un hogar donde el cine era conversación cotidiana y destino inevitable. Entre 1960 y 1967 ejerció la crítica en El Mundo, Radio Splendid y Canal 13, antes de pasar al terreno de la realización. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires y su vínculo con Manuel Antín fue decisivo: trabajó como camarógrafo en el ciclo televisivo Los argentinos y como jefe de producción en su compañía, experiencia que lo formó en la práctica y en la observación de la relación entre imagen, relato y memoria.
Carrera cinematográfica
Su debut como director se produjo con el cortometraje El diablo sin dama (1969), seleccionado para competir en Cannes en 1970 e integrado luego en el largometraje episódico Cuatrónicas (1971). Ese mismo año dirigió su primer largo, Fuiste mía un verano, protagonizado por Leonardo Favio y Susana Giménez, en un intento por fusionar cine de autor con la fórmula comercial de los musicales de cantantes populares.
En 1983 estrenó Los enemigos, un thriller psicológico que marcó un punto de inflexión en su carrera y dio inicio a su colaboración con Ulises Dumont, actor que se convertiría en su fetiche. Le siguieron Te amo (1986), sobre la maternidad adolescente y la marginalidad; El censor (1995), metáfora sobre los mecanismos de censura durante la dictadura; y Yepeto (1999), adaptación de la obra de Roberto Cossa que le valió premios en Biarritz, Friburgo, La Habana, Miami y otros festivales. Sus últimos trabajos fueron El salto de Christian (2007) y el documental Ulises, un alma desbordada (2014), homenaje a su amigo Dumont.
Ideología y mirada crítica
Calcagno entendía el cine como un espacio de resistencia cultural. El censor expuso los mecanismos de control de la dictadura, mientras Yepeto exploró el miedo a envejecer y la transmisión del conocimiento. Su obra se inscribe en el Tercer Cine argentino, con un pulso crítico hacia los poderes que manipulan la sociedad. “En todas mis películas trato de hacer una búsqueda del ser humano y descubrir sus partes oscuras, que son las más atrayentes”, confesó alguna vez.
Docencia y legado
Desde 2000 coordinó el ciclo Historias Breves del INCAA, acompañando a generaciones de jóvenes cineastas en sus primeros pasos. Su rol como mentor consolidó su figura como puente entre tradición y renovación.
Identidad artística
Su estilo se caracterizó por la narración sobria, diálogos intensos y cargados de ironía, y una mirada crítica sobre la censura, el poder, la memoria y la vejez. Influido por la crítica cinematográfica heredada de su padre y por el cine político de los años 70 y 80, Calcagno dejó una obra que, aunque breve en cantidad, es intensa en significados.
Eduardo Calcagno fue un cineasta que vivió el cine desde la cuna y lo convirtió en espejo de las tensiones sociales y culturales de su tiempo. Hoy, con su ausencia, queda la certeza sombría de que su obra seguirá hablando por él, como testimonio de un creador que supo unir crítica, ficción y compromiso político. Para ver sus películas en: https://www.hablemosdecine.com.ar/-Juan Alberto Maselli- hablemosdecinejammail.com






