¡HABLEMOS DE CINE!
Por Juan Alberto Maselli.

A 85 años de su nacimiento ≈◊≈ 50 de su de desaparición. Raymundo Gleyzer (Buenos Aires, 1941 – desaparecido en 1976) fue uno de los cineastas más emblemáticos del cine político argentino. Su vida y obra estuvieron atravesadas por el contexto de radicalización social y represión que marcó al país en las décadas de 1960 y 1970. Convirtió la cámara en un arma de contrainformación y el cine en un espacio de militancia, dejando un legado que aún hoy inspira a cineastas y activistas.

Estilo y técnicas
Formado en la Universidad Nacional de La Plata, Gleyzer adoptó un estilo influenciado por el cine directo y el documental de reconstrucción, con referentes como Joris Ivens, Santiago Álvarez y el Cinema Novo brasileño. Su narrativa se caracterizó por el uso de material de archivo, entrevistas y montaje ágil, combinando recursos documentales y ficcionales para intensificar la crítica política. Obras como Los traidores (1973) muestran cómo alternaba pasado y presente para subrayar la evolución de personajes y contextos.
Temas recurrentes
La injusticia social, la explotación laboral, la burocracia sindical y la represión política fueron ejes centrales de su cine. Desde La tierra quema (1964), que retrata la miseria campesina en Brasil, hasta México, la revolución congelada (1970), donde analiza la traición de los ideales revolucionarios, Gleyzer expuso las contradicciones del poder y la necesidad de organización popular. La memoria histórica y la lucha revolucionaria atraviesan toda su obra.

Construcción narrativa y ritmo
Sus películas estaban pensadas como armas de combate. El ritmo narrativo buscaba mantener la atención en proyecciones colectivas en fábricas, sindicatos o barrios. El montaje alternaba testimonios, imágenes de archivo y escenas ficcionales, generando un discurso crítico que interpelaba directamente al espectador y lo invitaba a la acción.
Evolución y punto de inflexión
Tras una primera etapa de documentales antropológicos como Ocurrido en Hualfín (1966), Gleyzer dio un giro decisivo con México, la revolución congelada. Allí consolidó su visión del cine como herramienta revolucionaria y fundó el Grupo Cine de la Base, que proyectaba sus películas en circuitos clandestinos, fuera del mercado comercial. Este colectivo buscaba “colectivizar la inteligencia” y acercar el cine a los sectores populares.

Influencias y legado
Entre sus influencias se cuentan Fernando Birri y José Martínez Suárez en Argentina, además de Ivens y Álvarez en el ámbito internacional. Su legado se expresa en la vigencia de Los traidores como obra de culto, en la creación del Día del Documentalista (27 de mayo, fecha de su desaparición) y en la inspiración que brinda a nuevas generaciones que buscan unir estética y compromiso político.
Impacto cultural y social

El cine de Gleyzer fue un acto de resistencia frente a la censura y la represión. Su desaparición en 1976 lo convirtió en símbolo de la represión cultural de la dictadura. Tras el retorno democrático, su obra fue rescatada y homenajeada, consolidando su lugar en la historia del cine político latinoamericano. Hoy, sus películas siguen interpelando sobre el rol del arte en la transformación social y la necesidad de mantener viva la memoria.
Obra destacada
Entre sus trabajos más relevantes se encuentran La tierra quema (1964), México, la revolución congelada (1970), Los traidores (1973), Ni olvido ni perdón (1973) y Me matan si no trabajo y si trabajo me matan (1974). Cada uno de ellos refleja su compromiso inquebrantable con la justicia social y la verdad.
Raymundo Gleyzer convirtió el cine en un espacio de militancia y resistencia. Su estilo directo, sus temas de denuncia y su compromiso colectivo lo transformaron en un referente insoslayable del cine político argentino y latinoamericano. A cincuenta años de su desaparición, su obra sigue siendo memoria viva y un llamado a la reflexión sobre el poder del cine como herramienta de transformación social. Juan Alberto Maselli- https://www.hablemosdecine.com.ar/


