Por Juan Alberto Maselli.

Entre el realismo social y el thriller institucional, Pablo Trapero se consolidó como el cronista visual de una Argentina atravesada por crisis, corrupción y desintegración familiar. Su cine, nacido en la renovación de los noventa, sigue vigente como espejo incómodo de las instituciones.

Nacido en San Justo el 4 de octubre de 1971, Trapero abandonó la arquitectura para estudiar dirección en la Universidad del Cine. Con Mundo grúa (1999) inauguró un nuevo ciclo en la cinematografía nacional: un cine austero, de bajo presupuesto, pero cargado de verdad social. Su obra combina la crudeza del neorrealismo italiano con una mirada crítica sobre la precarización y el abandono estatal.

Desde El bonaerense hasta Carancho, sus personajes se debaten entre la  y el fatalismo, atrapados en sistemas corruptos que los devoran. La familia, como espacio de unión y monstruosidad, aparece en El clan con una potencia que lo consagró internacionalmente. Reconocido en Cannes, Venecia y Róterdam, Trapero consolidó un lenguaje propio que influyó en toda una generación de cineastas argentinos.

Su estilo se caracteriza por un “realismo social” que evita juicios morales explícitos y expone las fallas de las instituciones. Recursos visuales como claroscuros y espacios marginales, narrativas tensas entre ficción y realidad, y el uso de canciones populares como contrapunto narrativo, les otorgan a sus películas un aire documental y crítico.

Los temas recurrentes en su filmografía son claros: la impotencia frente a circunstancias que superan a los personajes (El bonaerense, Leonera), la familia como núcleo de unión y monstruosidad (El clan), y la corrupción institucional en policías, cárceles y hospitales (Carancho). En Elefante blanco, su mirada se expande hacia la precarización social y el abandono estatal en las villas miseria.

La trayectoria de Trapero muestra una evolución constante: desde la ópera prima Mundo grúa, pasando por la consolidación con El bonaerense, hasta la maduración con Leonera, Carancho y Elefante blanco. El punto de inflexión llegó con El clan (2015), éxito de taquilla y León de Plata en Venecia, que lo posicionó como referente internacional.

Premiado en festivales de todo el mundo, distinguido con el Premio Konex y condecorado en Francia como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Trapero dejó una huella que trasciende la dirección. Como productor y docente, apoyó nuevas voces y consolidó un legado crítico sobre la Argentina postcrisis de 2001. Artículo completo y las películas en: https://hablemosdecine.com.ar/ -Juan Alberto Maselli 05-10-26