¡Hablemos de cine! Por Juan Alberto Maselli.

Nacida el 11 de octubre de 1904 en un conventillo de San Telmo, Tita Merello convirtió una infancia marcada por la pobreza y la exclusión en una trayectoria artística excepcional. Sin identificarse con el feminismo ni militar en movimientos de mujeres, desafió los mandatos de su época a través de su independencia, su carácter y los personajes femeninos que llevó a la pantalla, convirtiéndose en una figura que aún hoy interpela los debates sobre la emancipación femenina.
Analizar hoy la figura de Tita Merello desde la perspectiva de género implica un ejercicio complejo. Resulta tentador ubicarla dentro de los feminismos contemporáneos, pero su trayectoria responde a una lógica diferente y profundamente ligada a su tiempo.
Tita nunca se definió como feminista ni militó en organizaciones vinculadas a los derechos de las mujeres. Tampoco desarrolló un discurso político estructurado sobre la cuestión de género. Sin embargo, gran parte de su vida y de su obra desafió los modelos femeninos dominantes de la primera mitad del siglo XX.
Su rebeldía no surgía de la teoría ni de la militancia colectiva, sino de la experiencia personal. Fue una mujer que construyó autonomía económica, tomó decisiones sobre su propia vida, desafió prejuicios sociales y rechazó muchos de los mandatos impuestos a las mujeres de su época. Lo hizo desde una actitud profundamente individualista, basada en la independencia de carácter y en la defensa de su libertad personal.
En este sentido, Tita representa una forma temprana de emancipación femenina que podría definirse como popular y existencial antes que ideológica.
Una diferencia de época y de enfoque
Mientras gran parte de los movimientos feministas contemporáneos pone el acento en la acción colectiva, la organización política y la transformación estructural de las desigualdades de género, la visión de Tita estaba centrada en la fortaleza individual.
La actriz concebía la independencia como una conquista personal lograda a través del trabajo, el esfuerzo y la capacidad de enfrentar las adversidades. Sus declaraciones públicas rara vez apelaban a conceptos teóricos. En cambio, hablaban de dignidad, coraje, honestidad y autosuficiencia.
Esa diferencia responde también a contextos históricos distintos. Las generaciones actuales debaten cuestiones como la violencia de género, la igualdad de derechos, la representación política, la diversidad sexual o la distribución de las tareas de cuidado. Tita desarrolló su carrera en una época donde muchos de esos debates ni siquiera tenían espacio en la esfera pública. Sin embargo, sus personajes y su propia conducta cuestionaban de hecho varias de las limitaciones impuestas por una cultura claramente patriarcal.
Las mujeres de Tita frente a las mujeres del cine clásico
La dimensión más innovadora de Merello puede observarse en sus personajes. Mientras gran parte del cine clásico argentino mostraba mujeres definidas por su relación con los hombres, Tita interpretó figuras que poseían una identidad propia. Podían enamorarse, sufrir o equivocarse, pero también trabajaban, tomaban decisiones, ejercían autoridad y defendían sus convicciones.
Personajes como Filomena Marturano, Felisa en Arrabalera o «La Carancha» en Los isleros constituyeron verdaderas anomalías dentro de la representación femenina de la época.
No eran heroínas idealizadas. Eran mujeres complejas, muchas veces temperamentales, que se resistían a ocupar un lugar subordinado. Desde la mirada contemporánea, esas interpretaciones aparecen como antecedentes de una representación más libre y diversa de las mujeres en el cine argentino.
Una figura respetada por distintas generaciones
Quizás una de las mayores fortalezas de la figura de Tita Merello sea precisamente su capacidad para escapar de las clasificaciones rígidas.
Sectores vinculados al feminismo contemporáneo suelen reconocer en ella a una mujer que desafió las normas patriarcales desde su práctica cotidiana. Al mismo tiempo, otras generaciones valoran su defensa de la independencia personal sin necesidad de adscribirse a movimientos políticos o ideológicos.
Por eso su legado continúa generando interés. Tita no construyó una teoría sobre la emancipación femenina; construyó una vida que contradecía muchos de los límites que la sociedad intentaba imponerle.
Más allá de las etiquetas
Vista desde el presente, Tita Merello puede ser considerada una precursora de ciertas conquistas femeninas, aunque difícilmente encaje de manera exacta en las categorías actuales.
Su lucha fue la de una mujer nacida en los márgenes que se abrió camino en espacios dominados por hombres y que convirtió esa experiencia en una obra artística poblada por mujeres fuertes, contradictorias y profundamente humanas.
Tal vez allí radique la vigencia de su figura. No en haber representado una corriente específica, sino en haber demostrado, mucho antes de que existieran muchos de los debates actuales, que una mujer podía ser dueña de su voz, de su destino y de su propia identidad.


